¡Respaldar a México y la cuarta transformación!

Iván Fernández E.

 

Después de la crisis de los llamados “gobiernos progresistas” de América Latina, por sus propios errores, los ataques de la derecha y la corrupción, al parecer quedaría cerrada la vía de las transformaciones sociales populares a través de movimientos sociales o alianzas políticas electorales. El contra ataque de las fuerzas neoliberales aupadas por la embajada de los EE.UU, en alianza con el FMI, el Banco Mundial y el BID, contra el “socialismo del siglo XXI”, ha sido furibundo ¡¡.  Incluso el gobierno del Presidente Lenin Moreno, que triunfó electoralmente con una propuesta medianamente progresista (Alianza País contra CREO del banquero Guillermo Laso), no ha dudado en traicionar su oferta electoral y dar el giro a la derecha buscando el amparo de los organismos multilaterales y “refrescando” las relaciones con EE.UU. Las actitudes del canciller Valencia justificando la entrega de Julián Assange al gobierno británico y el reconocimiento al auto nombrado “presidente encargado” de Venezuela, Juan Guaidó, son francamente vergonzosas.  

Desde luego que nadie puede justificar la corrupción que se origino en un grupo de empresas privadas brasileñas que prácticamente compraron a la “clase política” de América Latina, distribuida en gobiernos de derechas como los de Perú, Panamá o Colombia y algunos autodenominados de izquierda como los de Ecuador, Argentina y la propia Venezuela. Aparte de prácticas viciosas, propias de gobiernos y empresas privadas corruptas que no se han podido desterrar por la débil cultura política ética de nuestras sociedades, el populismo y la ausencia de una respuesta popular organizada.

Ante esta derrota histórica de las fuerzas populares y de una debilitada izquierda que no logran superar las taras del pasado: divisionismo, clientelismo, ausencia de una visión estratégica de largo plazo, burocracias sindicales, etc. solo quedan tres gobiernos que debemos defender y de cuyas experiencias debemos aprender para avanzar en el futuro: Bolivia, Uruguay y ahora México.

En Bolivia, un indígena, Evo Morales, ha sabido llevar adelante las reivindicaciones de su pueblo manteniendo una economía en crecimiento, respetando los derechos humanos y consolidando las conquistas sociales de una sociedad multicultural. Con todos los errores que haya podido cometer, como todo ser humano, ha mantenido una posición antiimperialista y representa a los pueblos de América Latina frente a las agresiones del gobierno norteamericano, en especial frente al bloqueo a los pueblos de Cuba y Venezuela que callan todos los demás gobiernos de la región. Ahora los partidos de la derecha de la oligarquía Boliviana se rasgan las vestiduras porque Evo ha propuesto a su pueblo la posibilidad de reelección y dicen que no hay “alternabilidad democrática”. Durante 500 años pasaron alternándose en el poder las clases dominantes e hicieron de Bolivia el país más atrasado y pobre de América Latina, entregando a las transnacionales el estaño, la plata, el gas, el petróleo y otras riquezas naturales, mientras los indígenas morían de hambre. Ahora les duele que un indio pueda ser reelegido.

En Uruguay, el Frente Amplio, que une a las fuerzas de izquierda de ese pequeño pero gran país, bajo el mando de  José Mojica y del actual presidente, Tabaré Vásquez, han sabido ampliar la democracia, mantener una economía sana, defender los derechos humanos, violados gravemente por las dictaduras militares apoyadas por los Estados Unidos a través del Plan Condor, y consolidar la democracia.

El caso de México es quizá el último intento de un gobierno progresista en América Latina por superar los problemas del subdesarrollo, la desigualdad social y la corrupción. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador triunfó haciendo un llamado al pueblo mexicano para avanzar hacia la “Cuarta Transformación”, habiendo sido la primera la declaración de independencia (1.821), que dio origen al Estado Nacional Mexicano; la segunda, las reformas liberales del gobierno de Benito Juárez (1.858 – 1861) y, la tercera, la Revolución mexicana (1910 – 1917), luego de la cual se institucionalizo el sistema político que dio origen al Partido Revolucionario Institucional –PRI- que termino organizando la “dictadura perfecta”, en palabras de Vargas Llosa.

 Pero el caso de México es muy particular por tres razones, lo cual hace que este proyecto de AMLO  sea extremadamente difícil, y por la cual debemos apoyarlo. En primer lugar, en la sociedad mexicana se institucionalizo un partido político neo desarrollista, el PRI, que supo combinar los intereses de elites políticas y económicas con la corrupción y que dominó casi por 70 años, solo dos sexenios estuvo en el poder el PAN, de derecha, y eso genero una especie de cultura política de componendas, “grillas” y compadrazgos, que se enraizó en el poder nacional y federal. En segundo lugar, las mafias colombianas que controlaban la producción y transporte de la droga (cocaína), encontraron en México la posibilidad de alianza con poderosos y sanguinarios carteles para el paso del producto hacia el principal mercado, los Estados Unidos. Pronto estos carteles se desarrollaron (el “narco” les llaman), superaron a los colombianos que se quedaron con la producción, y llegaron a controlar parte de las instituciones centrales del Estado, incluidas la Policía y las Fuerzas Armadas. La violencia se apodero de México y hoy sigue como uno de los países con mayores tasas de asesinatos por las disputas entre los distintos carteles o mafias regionales. Y, en tercer lugar, es vecino de los EE.UU. la mayor potencia económica y militar del planeta, a quien venden el 80% de las exportaciones (más las drogas),  reciben el mayor contrabando de armas y por el territorio mexicano pasa los flujos migratorios de masas de desempleados de toda América Latina, lo cual ha causado la ira del señor Donald Trump que amenaza a México con un gigantesco muro, militarización y cierre de la frontera y ahora, aranceles del 5% al 25% a sus exportaciones.

En ese escenario, hay que respaldar y defender el gobierno de AMLO que expresa a los pueblos de América Latina, la lucha por los derechos humanos de los migrantes, el rechazo a las políticas imperialistas, la necesidad de democratizar el sistema político mexicano, el combate a la pobreza y a la desigualdad social. Llevar a México a la “cuarta transformación”, será una experiencia para los pueblos de América Latina en su la lucha contra el neoliberalismo.

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